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42 años de democracia

Se cumplen hoy 42 años de la restauración de la democracia en nuestro país. El 10 de diciembre de 1983, con la asunción de Raúl Alfonsín, las y los argentinos recuperamos el estado de derecho, luego de siete años de dictadura cívico-militar. Lo conseguido entonces sigue estando en disputa, en materia de recursos naturales, de Derechos Humanos, de conquistas laborales, de derechos de las mujeres y el colectivo LGBTIQ+, de nuestra identidad cultural, de derechos previsionales, etc. Defender la democracia que nos costó 30 mil desaparecidas y desaparecidos es una tarea que se vuelve diaria. Y afrontarla no admite demoras.

 

   El 30 de octubre de 1983 fue un día histórico. Las y los argentinos recuperaron el derecho a votar y elegir a sus propias autoridades y gobernantes, tal como se contempla en la Constitución Nacional. Pero no solo eso; en aquella jornada se recuperaron también los derechos inalienables de lo que implica vivir en democracia: el derecho a la vida, la libertad de expresión, la igualdad, la identidad, la seguridad, la felicidad y tantos más. Todo aquello se terminó de materializar el 10 de diciembre de aquel año, con la asunción del presidente electo por el voto de las y los argentinos: Raúl Alfonsín.

 

   El gobierno de Alfonsín, a los tres días de haber comenzado, decretó lo que sería otro de los hechos históricos más movilizantes de la Argentina: el juicio a los miembros de las tres juntas militares que usurparon el poder en 1976. Si bien, a partir de entonces, la Argentina comenzaría a recorrer un difícil camino de recuperación, con una hiperinflación a finales del mandato, lo más importante estaba cumplido: la consolidación de la democracia estaba en marcha

 

   El historiador Felipe Pigna, sobre aquellas jornadas, rememora: “Ese 30 de octubre el pueblo volvió a las urnas. La participación fue masiva y nadie quería dejar de votar y de ser protagonista de ese momento histórico. Triunfó Alfonsín y fue la primera vez que el peronismo perdió una elección nacional. Pero más allá de los resultados, el pueblo salió a festejar a las calles de todo el país. Solo en el Obelisco de Buenos Aires, se juntaron un millón y medio de personas”.

 

   Este día de restauración de la democracia también marcó un renacimiento en la cultura argentina. Muchos artistas e intelectuales que habían vivido en el exilio comenzaron a regresar. La música, el teatro y el cine se convirtieron en vehículos para explorar y reflexionar sobre la historia reciente de Argentina y los horrores de la dictadura.

   Rememorar un día como hoy es entender que nada de lo que se celebró en las calles aquel 10 de diciembre hace 42 años está garantizado. Cada logro conseguido luego de aquella eterna noche de la dictadura, que tanto nos costó como país, está amenazado y en disputa. El paso del tiempo, que por momentos afianzó el convencimiento por lo que no queríamos NUNCA MÁS, ha ablandado las tensas sogas con las que debemos amarrar cada conquista para defenderlas. Nada está dado porque si, y todo lo que conseguimos, si no tomamos consciencia y lo defendemos, nos lo pueden quitar en cualquier momento. Demasiados intereses hay en ello, y nunca son los que están del lado de las y los trabajadores y el pueblo.

   Conmemoremos este día como lo que es: una celebración de lo que tanto nos costó conseguir como pueblo, lo que pagaron con su vida nuestras y nuestros 30 mil compañeros desaparecidos. Tomemos consciencia de los derechos que nos asisten desde aquel día, para, sobre todo, defenderlos. Con las banderas de Memoria, Verdad y Justicia; por nuestros derechos laborales y previsionales; por la educación y la salud públicas; por nuestra cultura e identidad popular; por las mujeres y el colectivo LGBTIQ+; por las infancias y nuestros mayores; y, sobre todo, por nuestras y nuestros gurises, para que vivir en democracia plena sea una realidad para ellos.

 

#LaLuchaEnLaCalle #Agmer

 

 

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